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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Tenemos un defecto: que nos gusta presumir.
Tu no lo sabes, porque no formas parte de ello. Puedes estar semanas sin pisarlo, que cuando vuelves todo sigue igual y si ha cambiado la mas mínima piedra, nosotros nos damos cuenta. Pueden decir que esta muerto, que faltan negocios, que sobra chulería, que sus calles son estrechas y sus precios altos, que carece de iluminación o que le fallan los detalles; pero no se puede negar que es un paraíso amurallado. A pesar de verlo a kilómetros por la carretera, cuando cruzas su frontera sientes algo especial, un calor familiar, un cosquilleo interno. Somos distintos, nos conocemos, nos entendemos y nos cerramos a los desconocidos. No es como cualquier otro, tiene nombre propio y nos encanta gritarlo en cualquier parte y defenderlo ante cualquiera. Orgullosos, cabezotas, prepotentes, pero siempre amigos. Es el medio por el cual puedes volver a tu niñez, reencontrarte con alguien olvidado o recuperar tu plena felicidad. Y es que tiene algo, que te obliga a aferrarte, una pequeña semilla que al nacer llevas dentro y que te vincula con él, el resto de tu vida. No lo puedes evitar, gusta, engancha, emociona. Solo te das cuenta de lo importante que es para ti cuando sales de él para comenzar tu vida lejos, es ahi cuando descubres que necesitas ciertas cosas que no vas a encontrar en otros lugares y que por muchas horas que nos separen y por mucha edad que tengamos siempre volveremos con una sonrisa inocente a nuestro hogar, a nuestra villa, TRUJILLO.
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