Enamorarse, reírse tan fuerte que te duela la mandíbula, una ducha caliente, una mirada especial, recibir un mensaje, encender la radio justo en tu canción favorita, el perfume de la ropa tendida al sol, caminar descalzo por la playa, el chocolate, una llamada de alguien lejano, una larga conversación, reírse de uno mismo, una llamada a media noche que dure horas, correr debajo de una lluvia de verano, que alguien te llame bonita, un amigo, escuchar algo bonito sobre ti, un lametón de tu perro, que alguien juegue con tu pelo, tener un sueño precioso, una taza de chocolate caliente, un viaje con amigos, envolver un regalo, beber un vaso de leche antes de dormir, ganar una apuesta, hacer una tarta, cogerte con alguien de la mano, regalar algo que deseaban de verdad, ver amanecer, levantarse temprano y aprovechar la mañana, calentarse los pies después de un frío día, enterarte que ponen una gran película justo la noche que tienes libre, un peluche, terminar un puzzle, la sensación después de un examen bien hecho, una coca-cola que se convierte en cinco, salir de casa descontenta y que te digan lo guapa que vas, enterarte que alguien esta interesado en ti y empezar a prestarle atención...
¿Por qué será que muchos de nosotros actuamos como si las cosas simples de la vida estuviesen garantizadas? ¿Es porque estamos tan obsesionados por el dinero y las cosas divertidas que no apreciamos las pequeñas?
Esta vida me ha enseñado que con el paso del tiempo, las cosas pequeñas son las mas importantes de la vida. No lo digo yo, lo dice mi experiencia. A lo largo de tu vida disfrutarás de grandes momentos, pero en realidad son los pequeños, las tonterías, las chorradas y las diminutas cosas las que hacen de tu vida algo. La vida está llena de pequeñas grandes cosas que provocan bienestar y desatan escurridizos instantes de felicidad. Lo que nos pasa, por insignificante que sea, sirve para valorar mas las cosas, para crecer por dentro...

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