Siempre hay un recuerdo que identifica a una persona determinada. No solo nuestros sentidos, en conjunto, son los dueños de la percepción. Si en este momento nos quedáramos sin vista, seríamos capaces de reconocer a una persona por su olor, su voz, la textura de su piel, la forma de sus manos, el modo en que te toca o la temperatura de su aliento. Tendemos a relacionar todo lo que interceptamos para poder reconocer lo que nos rodea. Somos inseguros, necesitamos algo mas que una imagen e ideamos un esquema mental de cada individuo que pasa por nuestra vida. Cada instante que transcurre, un cuadro en blanco se rellena, y descubrimos algo nuevo que procesamos y clasificamos en nuestro pensamiento.
La fragilidad de los copos de nieve es evidente así como la resistente y enorme bola que pueden formar cuando se unen, así son los recuerdos, una sólida porción indisoluble de nuestra vida.
RECORDAR ES VIVIR, VIVIR DE LOS RECUERDOS ES MORIR.

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