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jueves, 2 de junio de 2011

No me canso de momento, de tocarte sin las manos, de esconderme sin querer detrás de unos ojos cerrados.

No son claros, ni oscuros del todo. Son perfectamente redondos, como las puntas de dos clavos, y están abiertos sin tensión, sin la estridencia que arruga los párpados de quienes lloran o gritan su dolor. Sin embargo, estos dos ojos brillan con luz propia, la polvorienta luz de muchos días iguales, etapas largas que acaban por agotar el consuelo, saben hablar. Cuentan una historia pero no esperan adhesiones ni aplausos ni siquiera empatía. Son dos ojos humanos, simplemente. Nos miran porque esa es su función, como la de nuestros ojos mirarlos. 





Los ojos espías de almas buscan en los otros todo lo que su curiosidad les pide.  ¿Cómo hacemos que una mirada dure toda la vida si el sentir es inmediato? 
HACIÉNDOLO ETERNO EN NUESTRO RECUERDO. 

1 comentario:

  1. la verdad es un blog,divertido y fresco! saludos desde bsas!

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